La última grabación de Freddie Mercury: el adiós que dio vida a una leyenda

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Hace exactamente 35 años, en mayo de 1991, Freddie Mercury entró por última vez a un estudio de grabación.

Fue en los Mountain Studios de Montreux, Suiza, un lugar frente al lago Lemán que se había convertido en su refugio. La banda Queen había trasladado allí su base de operaciones para escapar del bullicio de Londres y trabajar en paz. Nadie imaginaba que aquellas cuatro jornadas —entre el 13 y el 16 de mayo— marcarían el final de una era.

Mercury ya luchaba contra una enfermedad avanzada. Su cuerpo estaba debilitado, pero su voz seguía siendo un instrumento poderoso. Durante esas sesiones grabó las últimas líneas vocales de Mother Love, una canción que terminaría convirtiéndose en un testamento emocional. Brian May recuerda cómo, al llegar al tramo final, Freddie detuvo la grabación y dijo con calma: “No me siento bien, voy a casa a descansar y lo terminamos mañana”. Nunca volvió. Cuatro años después, May completó la estrofa final para el álbum póstumo Made in Heaven (1995).

En medio de su deterioro físico, Mercury había dado una instrucción clara y valiente a sus compañeros: “Escriban lo que sea, denme canciones y yo las voy a cantar. Cuando me vaya, ustedes terminan las canciones”. Esa frase resumía su urgencia creativa. Así nacieron temas del álbum *Innuendo*, lanzado en febrero de 1991. Durante la grabación de The Show Must Go On, May dudaba de que Freddie pudiera sostener la intensidad. La respuesta del vocalista fue legendaria: “I’ll fucking do it, darling”. El single salió en octubre de ese año, apenas seis semanas antes de su muerte.

Queen no apresuró el material. Durante cuatro años completaron las canciones inconclusas con el mismo rigor de siempre. Made in Heaven debutó en el número uno en Reino Unido y vendió más de 20 millones de copias en todo el mundo. Canciones como A Winter’s Tale, compuestas en Montreux, cerraron con dignidad la historia de la banda.

Hoy, aquellos estudios forman parte del museo Queen: The Studio Experience en el Casino de Montreux, un lugar de peregrinación para fans de todo el mundo. El legado de Mercury no se limitó a la música: en 2024, el catálogo de Queen se vendió por 1.270 millones de dólares en uno de los acuerdos más grandes de la industria. La película Bohemian Rhapsody (2018) atrajo a nuevas generaciones y hoy la banda supera los 50 millones de escuchas mensuales en plataformas digitales.

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