En marzo de 2005, cuatro leyendas del rock británico fueron invitados a una recepción especial en el Palacio de Buckingham.
El objetivo era homenajear la música del Reino Unido y su gran aporte a la cultura y la economía nacional. Jimmy Page, Eric Clapton, Brian May y Jeff Beck, todos maestros de la guitarra, se prepararon para conocer a la reina Isabel II en persona.
Brian May ya tenía un lazo previo con la monarca. En el 2002, durante las celebraciones del Jubileo de Oro, había tocado el himno nacional en la azotea del palacio. Aquella actuación fue un momento épico que marcó su carrera para siempre. May recordó cómo propuso esa idea audaz y cómo se sintió al lograrlo con éxito.

La recepción de 2005 reunió a varios artistas destacados. Sin embargo, el foco principal estuvo en estos cuatro guitarristas. Cuando llegó el turno de las presentaciones, la reina mostró una reacción natural y desconcertante. Parecía no reconocer del todo a los invitados, lo que generó momentos de humor sutil y algo de tensión.
Brian May fue el primero en saludarla. Rompió el protocolo con gentileza y le recordó su actuación en la azotea. La reina respondió con sorpresa y una sonrisa. Dijo que recordaba el ruido de aquel día. El guitarrista se sintió aliviado y encantado por el breve intercambio.
Luego llegó el turno de Jimmy Page. La reina le preguntó directamente si él también era guitarrista. Page confirmó con sencillez. Hubo un silencio incómodo hasta que Brian May intervino para elogiarlo. Explicó que Led Zeppelin había sido una gran inspiración para su propia banda. La monarca asintió con amabilidad.

Eric Clapton y Jeff Beck completaron las presentaciones. La reina quiso saber cuánto tiempo llevaban tocando. Clapton mencionó unos cuarenta años con una risa. Recordó que los tres, junto con Beck y Page, habían pasado por la misma banda en sus inicios. Beck añadió un comentario jocoso sobre cómo algunos siguieron caminos más grandes.
El ambiente fue cordial aunque algo formal. Clapton comentó después que no le importaba que la reina no supiera quiénes eran. Dijo que era un honor conocerla de todos modos y que no esperaba que ella conociera sus trayectorias. Los músicos valoraron el gesto de la monarquía británica.
Otros invitados también estuvieron presentes esa tarde. Figuras como Roger Daltrey, de The Who, y cantantes como Shirley Bassey o Geri Halliwell compartieron el espacio. Phil Collins destacó que la reina quizás había oído su música, pero sin confirmar si era fanática.
Aquel encuentro simbolizó el respeto de la corona hacia la música popular. Cuatro iconos del rock, con décadas de influencia mundial, charlaron brevemente con la soberana. Fue un cruce único entre dos mundos: la tradición real y la rebeldía del rock.
La anécdota quedó grabada en la memoria de los presentes. Mostró la humildad de los músicos y la naturalidad de la reina ante leyendas vivas. Hoy, ese día representa un capítulo curioso en la historia del rock británico y sus lazos con la monarquía.