Brian May aún lamenta no encontrar una grabación única de Queen.
Hay recuerdos que no tienen precio y que, una vez perdidos, resultan imposibles de reemplazar. Para Brian May, uno de esos tesoros está relacionado directamente con Freddie Mercury y con una de las canciones más importantes de Queen. Se trata de un viejo casete que el vocalista preparó personalmente en el estudio y que reunía diferentes solos de guitarra realizados por May durante el trabajo de la banda.
La historia salió a la luz cuando Brian May recordó cómo nació el célebre solo de Bohemian Rhapsody y explicó la estrecha colaboración que existía entre los integrantes de Queen. Aquella relación creativa estaba marcada por una constante exigencia mutua: Freddie Mercury y Brian May se impulsaban para probar nuevas ideas y llevar las canciones más lejos.
Según recordó el guitarrista, Mercury apareció un día en el estudio con una sonrisa especial y un casete que había preparado durante horas. El cantante había reunido diferentes solos de guitarra de May procedentes de trabajos anteriores y los había colocado juntos para enseñárselos. Su intención era sorprender a su compañero y demostrarle lo que habían conseguido construir durante aquellos años.
El gesto revela una faceta especialmente íntima de la relación entre ambos músicos. Más allá de las discusiones creativas y de las diferencias que podían surgir durante la grabación, existía una profunda admiración mutua. Mercury estaba orgulloso del trabajo realizado por Queen y quiso compartir con May aquella recopilación que había preparado cuidadosamente.
El problema es que ese casete desapareció con el paso del tiempo. Brian May reconoció que no sabe dónde se encuentra actualmente y calificó su pérdida como uno de sus grandes arrepentimientos. La situación resulta especialmente llamativa porque el guitarrista se considera una persona que conserva prácticamente todo lo relacionado con su trayectoria musical.

La grabación perdida adquiere todavía más valor por el momento histórico al que pertenece. Bohemian Rhapsody no fue una canción cualquiera dentro de la carrera de Queen. La composición de Freddie Mercury se convirtió en una de las obras más reconocibles del grupo y en una pieza fundamental de la historia del rock.
El solo de Brian May ocupa un lugar esencial dentro de la estructura de la canción. Su entrada sirve como puente entre diferentes secciones de una composición extraordinariamente compleja, mientras que su sonido terminó convirtiéndose en una de las señas de identidad del guitarrista.
May ha explicado que la creación de aquel solo estuvo marcada por la interacción constante con Mercury. La colaboración entre ambos no consistía simplemente en que uno escribiera una canción y el otro añadiera la guitarra. Existía un intercambio permanente de ideas, críticas y propuestas que ayudaba a definir el resultado final.
Esa dinámica fue una de las claves del funcionamiento de Queen durante sus años de mayor éxito. Freddie Mercury podía llevar una idea hasta un territorio inesperado, mientras May aportaba su particular lenguaje de guitarra. Roger Taylor y John Deacon completaban una formación en la que cuatro personalidades muy diferentes terminaron creando un sonido reconocible prácticamente desde los primeros compases.
La anécdota del casete permite además observar cuánto valoraba Mercury el trabajo de su compañero. El cantante no se limitó a escuchar aquellos solos: dedicó una mañana a buscarlos y unirlos para crear una especie de recopilación privada. Después se la presentó a May con la intención de sorprenderlo.
Hoy, aquella cinta tendría un valor documental extraordinario. Podría contener versiones, fragmentos o interpretaciones que permitirían observar de primera mano parte del proceso creativo de Queen. También sería un recuerdo personal de Freddie Mercury que difícilmente podría reproducirse de nuevo, precisamente porque fue creado por él para un momento concreto.
La pérdida resulta todavía más dolorosa por el paso del tiempo. Mercury murió en 1991 y, con él, desaparecieron muchas experiencias que nunca llegaron a registrarse oficialmente. En el caso del casete, sin embargo, existe la posibilidad de que siga escondido en algún lugar entre los archivos personales y materiales acumulados durante décadas por Brian May.
El propio guitarrista dejó abierta esa esperanza al explicar que no suele tirar sus cosas y que considera probable que la cinta esté en algún sitio. Esa posibilidad convierte la historia en una pequeña búsqueda dentro de la inmensa memoria de Queen.
Para los seguidores de la banda, encontrarla supondría recuperar algo más que una antigua grabación. Sería descubrir una pieza privada de la relación artística entre dos músicos que cambiaron la historia del rock. También permitiría escuchar, aunque fuera parcialmente, cómo evolucionaron algunas de las ideas que terminaron formando parte del universo sonoro de Queen.
La historia demuestra que el legado de una banda no está compuesto únicamente por los discos que llegaron a las tiendas. También existen fotografías, cintas, conversaciones, maquetas y pequeños documentos que pueden contener una parte esencial de la historia. Algunos permanecen perfectamente conservados; otros desaparecen sin dejar rastro.
En el caso de Brian May y Freddie Mercury, aquel casete representa precisamente eso: un pequeño tesoro perdido en medio de una carrera gigantesca. Y aunque hayan pasado décadas desde que Mercury lo preparó en el estudio, el deseo de encontrarlo sigue convirtiendo aquella anécdota en una de las historias más fascinantes relacionadas con la intimidad creativa de Queen.
