En una reflexión cargada de emoción, Mary Austin, la gran confidente de Freddie Mercury, ha explicado por qué la emblemática mansión Garden Lodge nunca se abrió al público como museo.
A lo largo de los años, la pregunta se repitió sin cesar, tanto a ella como al propio cantante. La respuesta siempre fue la misma: Freddie no quería que su hogar se convirtiera en un espacio de exhibición. Respetar esa voluntad clara se convirtió para Austin en un compromiso sagrado.
Ahora, con la inminente venta de una colección de objetos personales y la publicación de un libro cuidadosamente editado, Mary ha encontrado la forma perfecta de honrar ese deseo sin ocultar al mundo la riqueza de la vida de Freddie. “Esta venta, junto con el libro bellamente curado, es mi manera de honrar sus deseos mientras comparto los muchos lados de Freddie: el intérprete público y el hombre privado”, afirma. Su objetivo es claro: que los admiradores conozcan mejor al artista y celebren su espíritu único e irrepetible.
Para Austin, la palabra “celebrar” resume todo el sentido del proyecto. “Sobre todo, es una celebración de la vida de Freddie, su mente y la influencia que sigue ejerciendo”, asegura. A través de las piezas y las páginas del libro, los fans podrán descubrir al hombre sensible, creativo y lleno de matices que vivía detrás del escenario, sin invadir el espacio que él consideró siempre su refugio más privado.
Con este gesto, Mary Austin cierra un capítulo con respeto y cariño infinito. No se trata de exhibir, sino de compartir con admiración y gratitud el legado de un genio que sigue inspirando a generaciones enteras. Los admiradores encontrarán en esta colección el mismo asombro y la misma calidez que ella ha guardado durante décadas.
