The Telegraph publica un revelador reportaje que desentraña cómo la infancia convulsa de Freddie Mercury (nacido Farrokh Bulsara en Zanzíbar) fue el combustible creativo detrás de «Queen II», el álbum de 1974 que marcó el despegue definitivo de la banda.
Según el artículo, el paraíso perdido de su niñez se transformó en el reino fantástico de Rhye, un mundo imaginario que Mercury creó junto a su hermana menor, Kashmira, y que luego plasmó en canciones inolvidables.
Mercury pasó sus primeros años en la idílica isla africana de Zanzíbar. Todo cambió drásticamente cuando, siendo adolescente, la revolución de 1964 obligó a la familia a huir. Tras un breve paso por un internado en las afueras de Bombay (India), los Bulsara se instalaron en la gris y suburbana Middlesex, Inglaterra. Aquel doble exilio marcó al joven Freddie para siempre. Rhye se convirtió en su refugio mental: un lugar mágico donde la inocencia aún existía, similar al Middle-earth de Tolkien como escape de la crudeza de la guerra.
En «Queen II», este universo fantástico cobra vida completa en el “Side Black”, compuesto íntegramente por Mercury. Canciones como “Seven Seas of Rhye” (con la famosa línea “Sister, I live and lie for you”), “Ogre Battle”, “The Fairy Feller’s Master-Stroke”, “Nevermore” y la épica “The March of the Black Queen” forman un ciclo que narra la corrupción y caída de Rhye, reflejando el trauma de la revolución zanzibarí y el fin de la infancia.
El artículo coincide con el relanzamiento del álbum remixeado y remasterizado por Brian May y Roger Taylor, que resalta aún más la ambición sonora de Queen en 1974. Mercury, fallecido en 1991 a los 45 años, nunca regresó a Zanzíbar salvo una visita emotiva en 1980. Como él mismo dijo: “Mis letras son fantasías… no son terrenales”. Gracias a Rhye, el niño herido se convirtió en el showman que conquistó el mundo. Hoy, más de cincuenta años después, su dolor sigue sonando como triunfo.
