11 años sin Jim Hutton, el «marido» de Freddie Mercury

El 1 de enero de 2010 falleció el irlandés Jim Hutton, el que fuera amante de Freddie Mercury desde principios de la década de los 80.

Jim Hutton comenzó su relación con Freddie Mercury el 23 de marzo de 1985 y estuvieron juntos hasta la muerte de Freddie en 1991. En 1990, a Jim se le detectó el virus del VIH, pero no se lo confesó a Mercury hasta finales de 1991, poco antes de que este falleciera. Hutton falleció en Carlow, Irlanda, el 1 de enero de 2010, a causa de un cáncer de pulmón a los 61 años. No fue como consecuencia del SIDA como se rumoreó, el mismo Brian May lo desmintió en su sitio web oficial.

Reacciones

Las reacciones no se hicieron esperar, Jacky Gunn, la presidenta del Club Internacional de Fans de Queen exponía esto en la web oficial:

“Tengo que comunicaros con gran tristeza que el querido Jim Hutton ha muerto. Murió en su casa de Irlanda ayer por la noche. Era un hombre encantador y divertido al que Freddie quiso mucho, así que esperemos que haya otra vida más allá y que él y Freddie se hayan reunido. ¡Sería una fiesta increíble! Mis pensamientos están con su familia y amigos. Descansa en paz, mi amigo”.

Brian May también dedicó palabras para Jim desde su web oficial:

“Celebramos y lloramos la muerte de Jim Hutton, después de una larga enfermedad relacionada con el tabaco. Jim y Freddie estuvieron juntos durante muchos años, por supuesto, y fueron lo que ahora llamaríamos una pareja civil. Jim fue un alma tranquila y tierna, que no se dejaba impresionar y apenas se divertía con las maquinaciones de la fama, el rock and roll y Queen, y por eso le proporcionó a Freddie un punto de vista diferente de la vida. Jim estaba dedicado a la jardinería y a la cría de la carpa, lo que fascinó a Freddie por su estanque en Garden Lodge. Nuestras sinceras condolencias a sus hermanas y familia. Descansa en paz, Jim”.

Las palabras de Jim en su libro “Mercury y yo”

En 1983 Freddie Mercury conoció a Jim Hutton. Se vieron por primera vez en un bar gay londinense: “Cuando ocurrió, supongo que iba por mi cuarta cerveza. John Alexander, mi amante por aquel entonces, fue al cuarto de baño y aquel tipo se me acercó. Yo tenía treinta y cuatro años y él un poco más. Estaba vestido informalmente con jeans y un chaleco blanco y, como yo, llevaba bigote. Era delgado y no el tipo de hombre que yo encontraba atractivo. Prefería los hombres más grandes y toscos.

“Te invito a tomar una copa”, me dijo. Yo tenía una lata casi llena y contesté: “No, gracias”. Después me preguntó qué estaba haciendo esa noche. “Fuera”, le dije. “Sería mejor que se lo preguntaras a mi novio”. El extraño se dio cuenta de que no estaba llegando a ninguna parte conmigo y dejó el asunto de lado, regresando con sus amigos del rincón.

Nunca había oído hablar de “Queen”

“Alguien acaba de intentar seducirme conversando”, le dije a John cuando regresó. “¿Quién fue?”. “Aquél”, dije, señalándolo. “Ese es Freddie Mercury”, dijo él, aunque para mí no significaba nada, ni lo más mínimo. Si se hubiera tratado del jefe de personal del “Savoy Hotel” donde yo trabajaba, habría sido distinto. Pero nunca estuve al día con la música popular. Aunque la tenía en la radio todo el tiempo, no podía distinguir un grupo de otro. Nunca había oído hablar de “Queen”.

John no estaba irritado porque Freddie lo hubiera intentado: por el contrario, se sentía halagado de que un cantante famoso se interesara en su compañero”. Tiempo después, otra noche, Freddie intentó seducirlo de nuevo. En esta ocasión Jim aceptó la copa y pasaron la noche juntos. Desde ese instante nada fue igual, todo cambió. Jim sería la persona que lo acompañaría el resto de su vida y cuidaría de él en sus últimos días.

“Luchaste por mí, me ganaste”

“Una vez le pregunte por qué, de todas las personas del mundo que podía haber tenido me había elegido a mí. Me miro y me dijo: “Luchaste por mí, me ganaste”. Las últimas líneas de la canción “These are the days of our lives” tienen un sentido especial para mí: “Aquellos fueron los días de nuestras vidas, las cosas malas en la vida fueron pocas. Aquellos días se fueron ahora, pero algo sigue siendo cierto cuando miro y descubro que aún te amo”. Freddie fue el mayor amor de mi vida; se que nunca volveré a amar así”, escribiría Jim Hutton en su libro de 1994 llamado “Mercury and me”.

Freddie le dejó en herencia a Jim, al cual llamaba cariñosamente “mi marido”, 500.000 libras y un terrero en Irlanda para que construyera una casa. Sobre su enfermedad diría: “No tengo miedo. He de seguir adelante con la ayuda de la fuerza de Freddie. Él fue realmente muy, muy fuerte en la forma en que llevó su enfermedad. Él diría: “Por favor, sigue adelante con tu vida. La vida es para vivirla”.

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