Queen: Cuando el todo es más que la suma de las partes

Queen

Los miembros de Queen jamás lograron en solitario el éxito que tuvieron juntos.

Al final de aquella primera e inesperada jam session, de septiembre de 1969 en el The Sink de Liveerpool, a quienes pudieron ver a los Smile y los Ibex en vivo les quedó algo muy claro; era evidente que Tim Staffell, dotado de un discreto talento, jamás lograría encumbrar a Brian May y a Roger Taylor al techo del mundo.

Además, los limitados medios técnicos no contribuían a realizar el talento y la voz desbordante de Freddie. Finalmente, los tres hallaron lo que buscaban en el mismo escenario. Por una parte, una sólida base musical que pudiera seguir las improvisaciones y las ideas innovadoras de Freddie. Y por otra un animal escénico a la altura de los grandes nombres de la música inglesa del momento, como Roger Daltrey, Robert Plant o Mick Jagger.

Aunque ambos grupos siguieron probando fortuna en el Reino Unido durante unos meses, la actuación en la ciudad de los Beatles dejó una marca indeleble en ellos. Algo que pronto se transformaría en la urgencia creativa que dio vida a Queen.

El hecho de que los tres músicos (cuatro tras la llegada de John Deacon) valieran mucho más juntos que por separado fue uno de los temas recurrentes de su carrera. Ratificado, además, por las pocas cosas “escapadas” que se concedieron a lo largo de los veinte años de la formación. Ninguno de sus álbumes en solitario rozó siquiera las cifras ni, sobre todo, la calidad de los trabajos que editaron en nombre de Queen.

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Aunque los temas del grupo fueran de uno, el sonido que los demás conseguían crear era irreproducible fuera de aquel contexto. Basta decir que cada uno de ellos logró componer algún tema que triunfó en alguna lista de éxitos (lo cual ni los Beatles lograron jamás).

No obstante, sin la ayuda de los demás miembros, habrían tenido un destino distinto. Como confirman los datos de ventas y el número de hits de sus trabajos en solitario. No se trata tanto de la atracción que ejercía la marca Queen, sino de la magia que surgía sólo cuando se encerraban los cuatro en un estudio.

La enésima prueba de todo ello apareció cuando publicaron Made In Heaven, el último álbum grabado por Freddie, y en el que algunos temas pertenecientes al líder quedaron completamente transformados por las aportaciones de sus dos devotos compañeros, que los mejoraron y los llevaron nuevamente a la cúspide de las listas.

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Texto extraído del libro «Freddie Mercury», de Luca Garrò. Compra aquí.