Freddie Mercury confesó que la voz de Montserrat Caballé lo enamoró antes de conocerla

Freddie Mercury confesó que la voz de Montserrat Caballé lo enamoró antes de conocerla
Montserrat Caballé y Freddie Mercury.

En 1986, durante una entrevista en Barcelona, Freddie Mercury no dudó al hablar de la voz que más lo conmovía.

No citó a un compañero del rock. Nombró a Montserrat Caballé. Aquella frase, dicha casi de pasada, llegó hasta la soprano y abrió una puerta que el cantante de Queen no se atrevía a cruzar.

Freddie Mercury admiraba a Caballé desde que la escuchó en el Royal Opera House de Londres. Su asistente, Peter Freestone, recordó que, en cuanto ella empezó a cantar, Freddie dejó de prestar atención a Luciano Pavarotti. Aun así, evitaba conocerla. Temía que la imagen de la diva se rompiera y también temía un rechazo.

La oportunidad llegó con los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. El hermano de Caballé buscaba un tema para la ciudad y ella pensó en Mercury. El 24 de marzo de 1987 se vieron por primera vez en el hotel Ritz. Freddie llegó cinco minutos antes, algo insólito en él, y fumaba sin parar.

“Sus manos estaban tan frías, y yo también tenía mucho frío”, contó Caballé años después. “Pensé: él también está nervioso, eso es bueno, porque cuando la gente está nerviosa significa que espera algo del otro.” El hielo se rompió en el piano.

Una canción y un sí inmediato

Mercury le puso Exercises in Free Love, una pieza vocal que había escrito para ella. Caballé reaccionó al momento: “Maravilloso. La estrenaré dentro de tres días en Covent Garden.” Cumplió la promesa y la cantó como bis no anunciado en la Royal Opera House.

“Cuando se sentó al piano para improvisar, me di cuenta de que tenía delante a un verdadero músico”, dijo la soprano. Al terminar, se miraron. “Lo supe: me había conquistado.” Mercury, por su parte, lo resumió así: “Fue como un sueño hecho realidad.”

De la madrugada al himno

En Londres siguieron trabajando en Garden Lodge. Caballé recordó una de aquellas noches: “Empezó a improvisar al piano y estuvimos juntos hasta las siete de la mañana cantando.” De esas horas salió la melodía de Barcelona, con versos en castellano escritos por ella y otros en inglés escritos por él.

El tema, firmado con Mike Moran, se publicó en 1987 y se convirtió en el himno oficioso de los Juegos. Mercury lo presentó con una broma afectuosa: “Ahora es una rockera.” Ella respondió que en casa ya sonaba su música porque sus hijos eran fans.

La grabación que lo emocionó

Cuando Caballé cantó Barcelona en el estudio, Freestone vio a Mercury más cerca de las lágrimas que nunca. Freddie le apretó la mano y dijo: “Tengo la voz más grande del mundo cantando mi música.” No era un cumplido de escenario. Era el reconocimiento de quien había escrito para la única voz que, según él, lo había enamorado al escucharla.

Caballé supo después de la enfermedad de Mercury. “Me emocioné porque estábamos creando algo muy especial”, explicó. “No es frecuente cantar con alguien que se va, que lo sabe, y acompañarlo en su despedida.” Barcelona quedó como el puente entre el rock y la ópera, y como la prueba de que dos mundos podían reconocerse en la misma frase.