Freddie Mercury no sabía cómo parar su ritmo de vida

Freddie Mercury Living On My Own

Freddie Mercury confesó que muchas noches no podía dormir porque reconocía que había creado un monstruo. Y no lo decía quejándose. Ese “monstruo” lo había soñado toda su vida y lo había conseguido.

Freddie sabía que tenía lo que todo el mundo desea: dinero, fama, éxito… lo que él quisiera. En su caso, también quiso demasiado sexo y drogas (por desgracia).

Freddie Mercury era consciente de sus excesos. Dijo:

“De la misma forma que lo he creado (ese monstruo), también quiero huir de ello. Empieza a preocuparme el hecho de que no puedo controlarlo, y que en realidad eso me controla a mí”.

Todos sabemos el final del cuento, el triste final que ninguno de nosotros hubiésemos querido para nuestro gran Freddie, pero… no podemos volver atrás, ni hacer nada.

Él era claramente consciente. Freddie Mercury decía:

“¿Qué estaré haciendo en veinte años? Estaré muerto, ¡muñeca! ¿Estás loca?”.

Él sabía que su ritmo de vida, sus excesos, sus fiestas, su promiscuidad era imposible de mantener a lo largo del tiempo. Pero Freddie Mercury vivió al máximo y como él quiso. En el escenario lo dio todo, y en su vida también. Vivió con total intensidad. Alguien podría criticarle sus excesos o su “falta de cabeza”, pero jamás se le podrá criticar sus increíbles ganas de vivir su vida y a su manera.

También dijo algo muy revelador:

“No me importa morir mañana. He vivido, en toda la extensión de la palabra”.

¿Cuántas personas conoces que podrían decir lo mismo? Vivió y murió joven, pero claramente vivió tantas cosas, en tan poco tiempo… que, seguramente, ninguna persona de cien años ha logrado experimentar ni de lejos.

Freddie Mercury no pudo parar su ritmo de vida, y quizá tampoco quería hacerlo.

Vivió con total intensidad y esa pasión la transformó en canciones. Y esa pasión, además, logro cambiar el mundo.

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