El mayor éxito comercial de la banda llegó en 1980 envuelto en acusaciones de plagio, un Grammy que se le escapó y el rechazo de Hollywood en el momento en que el grupo empezaba a romperse por dentro.
En 1980, Queen parecía haber encontrado la fórmula perfecta. Another One Bites the Dust cruzaba el funk disco con el rock de estadio y se convertía en el mayor éxito de ventas de su carrera: 22 millones de copias.
Freddie Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon estaban en la cima comercial. Lo que no se veía desde fuera era que ese mismo tema iba a acumular, uno tras otro, reveses que contradecían la imagen de invencibilidad.
La línea de bajo que Chic no consideró un homenaje
El primero llegó antes incluso de que el disco saliera a la calle. La línea de bajo, escrita por John Deacon, partía de Good Times, de Chic. Para Bernard Edwards, bajista y cofundador de la banda neoyorquina, no se trataba de una inspiración inocente.
Edwards contó que el bajista de Queen había pasado tiempo con ellos en el estudio y que de ahí salió el tema. El detalle que más le dolió fue que ni siquiera se molestó en aprenderse su nombre. La acusación de copia no llegó a los tribunales, pero quedó flotando sobre el mayor hit del grupo.
El Grammy que se fue a Bob Seger
El segundo golpe fue institucional. Another One Bites the Dust llegó nominada al Grammy a la mejor interpretación de rock de un dúo o grupo con voz. La estatuilla se la llevó Against the Wind, de Bob Seger. Queen volvió a casa con el disco más vendido de su historia y sin el premio que, sobre el papel, debía coronarlo.
Rocky III eligió a Survivor
El tercero fue el más visible. Un año después, la canción estuvo a punto de entrar en la banda sonora de Rocky III. La banda ya había tenido su momento de Hollywood con Flash Gordon y esperaba repetirlo. La producción optó por Eye of the Tiger, de Survivor. El tema de Queen se quedó fuera de la película que acabaría definiendo el montaje deportivo de los años ochenta.
El éxito que no frenó la ruptura interna
Ninguno de esos episodios, por separado, hundía una carrera. Juntos dibujaban una racha de derrotas en el instante en que Queen debía sentirse intocable. Poco después, las tensiones internas estallaron. En 1982, Brian May reconocería que durante un tiempo se odiaron. El éxito de 22 millones no evitó las peleas ni las cuentas pendientes: solo las hizo más difíciles de explicar.
