Brian May convirtió su guitarra en la voz de Freddie Mercury en uno de los solos más famosos de Queen.
Cuando Queen grabó “Bohemian Rhapsody” en 1975, Brian May recibió un encargo aparentemente sencillo: incorporar un solo de guitarra a una canción que ya desafiaba cualquier estructura convencional. El resultado terminó convirtiéndose en uno de los momentos instrumentales más reconocibles de la historia del rock.
La clave estaba precisamente en no repetir lo que ya había hecho Freddie Mercury. El vocalista había construido una canción que pasaba de la balada al rock y de ahí a una sección operística. May entendió que su guitarra debía funcionar como una nueva voz dentro de ese recorrido.
Freddie Mercury dejó espacio para que Brian May inventara una nueva melodía
Durante el proceso de grabación, Mercury pidió que hubiera un solo en esa parte de la canción. May aprovechó la oportunidad para plantear algo diferente, una melodía que no fuera simplemente una repetición del material vocal.
“Dijo que quería un solo ahí, y yo dije que me gustaría, en efecto, cantar un verso con la guitarra. Me gustaría llevarlo a otro lugar. Introduciría una melodía diferente”, recordó el guitarrista en una entrevista concedida años después.
La idea explica buena parte del carácter del solo. En lugar de utilizar la guitarra únicamente como instrumento protagonista, May intentó reproducir con ella una línea melódica que pudiera responder a la voz de Mercury y conducir la canción hacia su siguiente transformación.
“Considero la guitarra como una voz”
May ha explicado que la melodía apareció primero en su cabeza y que incluso llegó a cantarla antes de trasladarla al instrumento. Para él, la guitarra podía ocupar el mismo espacio expresivo que una voz humana.
“Básicamente la canté. En esa situación considero la guitarra como una voz”, explicó. También reconoció que desconocía de dónde había surgido exactamente aquella melodía.
El guitarrista señaló además que aquella melodía no aparecía en ninguna otra parte de la canción. Sin embargo, estaba construida sobre una secuencia de acordes familiar, lo que permitía que el solo se integrara naturalmente en una composición que cambia constantemente de estilo.
“Esa melodía no aparece en ninguna otra parte de la canción, pero está sobre una secuencia de acordes conocida, así que encaja bastante bien”, explicó May.
Un solo pensado como puente hacia la ópera
La función del solo era especialmente importante porque debía conectar dos mundos muy distintos. Primero prolongaba la atmósfera melódica de la balada y después preparaba la entrada de la gigantesca sección operística.
May describió esa función como la incorporación de “una voz adicional” que, al mismo tiempo, sirve de enlace hacia lo que posteriormente todo el mundo identificaría como la parte operística de “Bohemian Rhapsody”.
El resultado fue un pasaje relativamente breve, pero decisivo para la arquitectura de la canción. La guitarra no interrumpe la narración musical: la transforma y la empuja hacia el siguiente capítulo.
Brian May necesitó muy pocas tomas
Otro detalle llamativo del proceso es que el solo no requirió una interminable sucesión de grabaciones. May explicó que surgió con bastante facilidad y que, después de realizar varias tomas, la primera seguía siendo prácticamente la que buscaban.
“Salió con mucha facilidad. No hice muchas tomas. Fue una de esas ocasiones en las que haces unas cuantas y después vuelves a escuchar la primera, y la primera es casi exactamente lo que quieres”, recordó.
Después únicamente fue necesario realizar pequeños ajustes para pulir la interpretación. Esa espontaneidad contrasta con la enorme complejidad de una canción cuya grabación exigió trabajar por partes y construir cuidadosamente sus distintas capas.
La guitarra de May como otro personaje de “Bohemian Rhapsody”
El solo funciona así como una conversación musical con Mercury. No intenta competir con su voz, sino continuar su fraseo desde otro instrumento y conducir al oyente hacia un escenario completamente diferente.
La propia explicación de May revela hasta qué punto la composición de Queen dependía de la interacción entre sus integrantes. Mercury podía plantear una idea y dejar espacio para que May desarrollara otra, generando una pieza en la que cada sección tiene una identidad propia.
Medio siglo después de su grabación, aquel momento sigue siendo una de las firmas musicales de “Bohemian Rhapsody”. La guitarra de Brian May no se limitó a acompañar la canción: asumió durante unos segundos el papel de una nueva voz antes de devolver el protagonismo al universo operístico de Queen.