En 1986 Queen se encontraba en la cima de su carrera.
Tras la poderosa actuación de Queen en Live Aid el año anterior, la banda lanzó el álbum A Kind Of Magic. Este disco cerró una etapa dorada y se vinculó directamente con la película Highlander, una historia de fantasía sobre guerreros inmortales.
Seis canciones del álbum aparecieron en la cinta, aunque en versiones adaptadas. El tema que da nombre al disco fue el más conectado con la trama. El baterista Roger Taylor se encargó de escribir la letra y la melodía inicial.
Taylor se inspiró en un diálogo del protagonista de Highlander, interpretado por Christopher Lambert. Ese personaje habla sobre su condición de inmortal. La idea de la eternidad y el destino sirvió de base para crear la canción.
La versión original de Taylor suena al final de la película durante los créditos. Más tarde Freddie Mercury, actuando también como coproductor, rearmó la pista para que resultara más pegajosa y comercial. Cambió la línea de bajo, reorganizó las secciones y añadió partes instrumentales.

El álbum alcanzó el primer puesto en las listas de ventas y se vendieron millones de copias en todo el mundo. Representó uno de los mayores logros comerciales de la banda en esa época. Highlander, aunque no triunfó mucho en cines, ganó popularidad como clásico de culto en vídeo.
La conexión entre Queen y la película añadió un aire épico y misterioso a la música del grupo. El concepto de inmortalidad que Taylor tomó del guion encajaba con la imagen poderosa que Queen proyectaba en escenario. Ese año marcó el último gran momento antes de los cambios que vendrían después.
La colaboración demostró cómo el cine y la música podían fusionarse de forma creativa. Queen aportó su energía y estilo a una historia de fantasía, mientras la película daba un nuevo contexto a sus canciones. El resultado fue un disco memorable que sigue sonando con fuerza décadas después.