El 21 de abril de 2022, las costas escénicas de la isla de Jeju, en Corea del Sur, se convirtieron en el escenario de un emotivo homenaje al legendario vocalista de Queen.
Ese día, ante decenas de fans emocionados que viajaron especialmente para el evento, se inauguró una estatua de tamaño natural de Freddie Mercury. La figura de bronce, de 1,77 metros de altura, captura al icónico artista con el puño en alto, en una pose de poder y determinación que evoca sus legendarias actuaciones en Wembley. Ubicada junto al mar en Aewol-eup, frente a un restaurante con vistas al océano, la escultura se alza como un faro de rock y resiliencia en uno de los destinos turísticos más hermosos de Asia.
La obra es la segunda estatua oficial de Mercury en el mundo, réplica exacta de la icónica instalada en Montreux, Suiza, donde el cantante vivió y grabó algunos de sus álbumes más memorables. Su realización no fue casual: fue el fruto de una campaña de ocho años impulsada por Baek Soon-yeob, un empresario surcoreano de 57 años y superfan de Queen.
Baek comenzó en 2014 enviando correos electrónicos mensuales a la banda solicitando permiso para erigir la estatua. Tras años de persistencia y el impulso global que generó la película Bohemian Rhapsody en 2018, Queen y su management le dieron luz verde en 2020 durante su primera visita a Seúl. El proyecto, respaldado por los clubes de fans locales “We Will Rock You” y “Queen Forever”, costó alrededor de 50 millones de won (unos 37.000 euros) y contó con la aprobación entusiasta de los miembros sobrevivientes del grupo.
Durante la ceremonia de inauguración, la lluvia matutina cesó milagrosamente, como si el propio Freddie hubiera intervenido. En una pantalla gigante se proyectó un mensaje de Brian May, quien aseguró a los presentes que estaba “con ellos en espíritu” y que Mercury habría apreciado profundamente el tributo. Fans de todas las edades posaron junto a la estatua, cantando himnos como “We Are the Champions” y compartiendo anécdotas de cómo la música de Queen los había acompañado en momentos difíciles.
Más allá del homenaje musical, la estatua tiene un profundo significado social en Corea del Sur. En un país donde la comunidad LGBTQ+ aún enfrenta tabúes —la música de Queen estuvo incluso prohibida en los años 70 bajo la dictadura—, Baek ha expresado su deseo de que la figura inspire coraje y tolerancia. “Es un símbolo de esperanza para los jóvenes”, declaró. A pesar de algunas críticas locales por la orientación sexual de Mercury, el evento reunió a fans que ven en él un ícono universal de libertad y autenticidad.
