El rodaje del videoclip «I’m Going Slightly Mad» de Queen: Una locura creativa en tiempos difíciles

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El videoclip de «I’m Going Slightly Mad» de Queen representa uno de los momentos más surrealistas y memorables en la carrera de la banda.

Dirigido por Rudi Dolezal y Hannes Rossacher de DoRo Productions, el rodaje se llevó a cabo el 15 de febrero de 1991 en los Limehouse Studios de Londres.

Filmado íntegramente en blanco y negro, el vídeo buscaba ocultar la fragilidad física de Freddie Mercury, quien en ese momento luchaba contra el sida avanzado, enfermedad que lo llevaría a la muerte menos de un año después.

Para disimular sus manchas faciales, pérdida de peso y caída del cabello, Mercury usó maquillaje espeso, ropa extra, una peluca y un traje de inspiración gótica.

A pesar de su estado de salud, Freddie participó activamente, co-dirigiendo escenas y storyboards, y aportando ideas creativas que reflejaban la letra de la canción, coescrita con el actor Peter Straker.

La temática de la locura se materializó en elementos absurdos: Mercury luciendo un racimo de plátanos como peluca, aludiendo a la línea «I think I’m a banana tree»; Brian May disfrazado de pingüino, reviviendo un atuendo de 1973; Roger Taylor con una tetera en la cabeza montando un triciclo, perseguido por Freddie; y John Deacon como bufón. Además, apareció un hombre en traje de gorila, rumorado ser Elton John. Los disfraces fueron diseñados por Diana Moseley.

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El set incluyó props extravagantes como mil y una dalias amarillas de seda, un tornillo gigante y pingüinos reales, uno de los cuales, llamado Cleo, defecó en el sofá de cuero negro durante una sesión de fotos, generando risas entre el equipo.

A pesar del cansancio que supuso para Mercury, el rodaje fue divertido y posiblemente intuido como uno de los últimos juntos. Tras su muerte, se publicaron imágenes detrás de cámaras en documentales, revelando a Freddie dirigiendo con energía.

El videoclip, estrenado en «Greatest Flix II», alcanzó el número 22 en el Reino Unido y se convirtió en un favorito de los fans por su excentricidad.

«I’m Going Slightly Mad» no solo captura la genialidad de Queen, sino también la resiliencia de Mercury en sus días finales, transformando el dolor en arte inolvidable.