¡Papá, mamá, lo dejo!

Posiblemente, era lo último que querían escuchar los progenitores de Brian May.



7 MAYO 2017 ÀNGEL ASENSI Y MIQUEL ASENSI  

Brian May con sus padres

Madison Square Garden, Nueva York, 1977.

La vida te lleva a tomar infinidad de decisiones, y generalmente, pueden pasar tres cosas: que aciertes (enhorabuena), que falles (todo es posible) o que no quieras escoger nada (creemos que es lo peor).

Y Brian May también se vio en estas circunstancias. Eran los años en los que despuntaba enormemente en sus estudios y claro, eso era un reclamo profesional. Por eso mismo, una academia decidió contratarlo como profesor para que fuese el puente perfecto entre la teoría buscada en los libros y su entendimiento por parte de los alumnos.

No sabemos cómo impartía las clases Brian May. Suponemos que sería atento con los alumnos -su reputación dentro del mundo académico siempre ha sido impecable hasta llevarlo a ser doctor- con sus largos rizos negros explicando conceptos de física de cualquier índole a unos alumnos que intentaban comprender ese complejo mundo de ecuaciones.

Queen ya había grabado su primer disco y los interesados ya lo podían encontrar en algunas tiendas de discos, pero Brian seguía con la docencia. Pasado un tiempo (meses más tarde de publicar su segundo trabajo discográfico), el guitarrista se planteó la posibilidad de ser un “profesional” de la música, es decir, de vivir de ello.

Y un día llegó el momento de tomar una decisión trascendental para Brian… y también un instante que, por norma general, no es bien recibido por los padres: la decisión de dejar un trabajo estable para dedicarse al 100% al mundo de la música.

Brian les comunicó a Harold May y Ruth Irving Fletcher esta decisión… y fue muy consecuente. Pasados los años, Queen actuó en el Madison Square Garden de Nueva York. Allí acudió Harold, en 1977, para definitivamente, ser consciente de la decisión que había tomado su hijo unos años antes. El guitarrista lloró emocionado al saber que su padre estaba entre los asistentes al concierto, y Harold May asimiló perfectamente que Brian y Queen ya pertenecían al selecto mundo de las estrellas del rock.

Por tanto, Brian fue valiente y decidió. Y este es el mensaje que queremos destacar: os animamos a que decidáis con mucho criterio, pero que decidáis. Lamentamos que los alumnos de la academia perdiesen a un buen profesor, aunque eran conscientes de que lo podían seguir admirando simplemente con dirigir sus miradas a los pósters de Queen que tenían en sus habitaciones.

 


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