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El día que Dustin Hoffman visitó a Freddie Mercury

El actor acudió con su familia a Garden Lodge.



16 JULIO 2017 ÀNGEL ASENSI Y MIQUEL ASENSI  

No nos engañemos: la vida de una estrella internacional no es fácil. Es cierto que dispone de muchas facilidades, fama, reconocimiento social y dinero, pero es de justicia admitir que su sacrificio ha sido constante y que casi ha renunciado a sí mismo.

Después de años de giras exitosas, de llevar el nombre de Queen por medio mundo y de aparecer constantemente en los listados de éxitos, Freddie decidió que necesitaba una residencia habitual y que además, le fascinase. Por ello, pensó que Garden Lodge podía ser su paraíso terrenal.

Una mansión situada en Londres, que contaba con todas la ventajas posibles: jardín, infinidad de habitaciones, cocinas, servicios... pero a la que le faltaba “el toque Freddie”: es decir, amoldarla a su gusto.

Peter Freestone recuerda en su libro titulado “Freddie Mercury” que la persona encargada en convertir esa mansión en hogar fue Robin Moore-Ede, un reputado interiorista con un status social situado a la misma altura que su validez profesional.

Evidentemente, Robin y Freddie hablaban con frecuencia sobre cómo dar forma a la imaginación del cantante. Y en una jornada de trabajo, el interiorista le comunicó a Mercury que un amigo suyo estaba interesado en ir a Garden Logde para comprobar de primera mano cómo eran esos trabajos.

Y esa petición se convirtió en invitación. El conocido actor Dustin Hoffman, su mujer e hijos visitaron la casa de Freddie Mercury. Allí pudieron ver con sus propios ojos cómo eran esos trabajos decorativos.

El cantante les sirvió una taza de té que compartieron entre anécdotas e intrahistorias. Más tarde, Mercury le pidió un favor a Hoffman: se le acercó con una pluma japonesa y le pidió un autógrafo. Pero no era para Freddie, sino para Peter Freestone, su asistente, que estaba presente en aquel encuentro. El actor no dudó en ningún momento en dibujar una tarta de cumpleaños y felicitarle por escrito.

Aunque ya habían hablado en ocasiones anteriores, era la primera vez que Dustin visitaba la casa de Freddie. Y aunque eran dos estrellas artísticas con millones de seguidores, fueron conscientes de que la felicidad también podía quedar estampada en un pequeño trozo de papel y que su sabor estaba escondido en el interior de una taza de té.

 


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