Las claves para descifrar la canción Bohemian Rhapsody de Queen

Bohemian Rhapsody

Bohemian Rhapsody es la obra más famosa de Queen y una genialidad de Freddie Mercury de fenomenal combinación cultural.

Bohemian Rhapsody es sin duda una de las canciones más célebres de Queen, la banda inglesa que se convirtió en un referente obligado del rock de los años 80.

De la mano de Freddie Mercury, su vocalista y frontman, el grupo dio muestra de una originalidad y talento musicales inéditos de los cuales dicha pieza es un gran ejemplo.

¿Qué hace tan especial a Bohemian Rhapsody? En buena medida, la mezcla inesperadamente armónica de múltiples influencias culturales que, a primera vista, podrían parecer ajenas entre sí. En este sentido, la creatividad de la canción es no sólo notable, sino arriesgada.

Ese riesgo se encuentra en el título de la canción, en su estructura y, por supuesto, en su contenido. Para dar cierto orden a esta explicación, procederemos de ese modo.

¿Por qué “Bohemian Rhapsody”?

El título de la canción no es en modo alguno casual. La rapsodia es una de las formas más antiguas de poesía y probablemente el ejemplo más conocida de ésta sean las distintas partes de la Ilíada de Homero, que a veces se les llama capítulos o cantos pero que, estrictamente, son rapsodias.

La referencia a Homero puede parecer lejana, pero no lo es, pues la Ilíada sentó las bases de cierta forma de la poesía occidental que perduró durante siglos. Si ponemos atención, en este resumen ya pueden advertirse tres características fundamentales de una rapsodia:

  • Es narrativa (es decir, cuenta algo)
  • Refiere hechos asociados con héroes, guerras, hazañas, etc.
  • Es la forma poética fundacional de la poesía épica.

Si esta fuera la primera vez que escuchamos la canción de Queen, el título ya nos anunciaría algo: que vamos a conocer la historia de un héroe, quizá en una batalla de vida o muerte.

En cuanto al adjetivo “bohemia”, éste alude a la región de la Europa Central que desde la Edad Media y hasta la disolución del Imperio Austro-húngaro, a inicios del siglo XX. ¿Pero por qué justamente “Bohemia”?

Como veremos más adelante, la canción tiene un profundo carácter esotérico. Su tema es en cierto modo el mismo que el de Fausto: la lucha entre el Bien y el Mal por el alma de un hombre. A este personaje lo conocemos sobre todo por la obra de teatro que J. W. Goethe escribió en 1808, pero en realidad se trata de una de las leyendas más importantes para la cultura europea, al parecer originada en ciertos eruditos medievales y renacentistas cuyo amplio conocimiento resultó sospechoso a la sociedad de la época.

Las primeras alusiones a un personaje de este tipo se remontan al siglo XIII, y ya entonces se hablaba de un hombre de tal ciencia y conocimiento, que se sospechaba que había hecho un pacto con el Diablo para cambiar su alma por el saber del mundo. Recordemos que en particular la Edad Media fue reacia a la investigación que hoy llamamos científica y, por otro lado, que todo conocimiento fuera del campo de la religión solía verse con recelo. Pese a lo cual disciplinas como la alquimia o la anatomía salieron avante.

Y Bohemia fue justamente una región conocida por sus alquimistas, probablemente la misma donde vivió el “Doctor Fausto” que dio lugar a la leyenda. En Bohemia, por ejemplo, reinó Rodolfo II, el emperador melancólico aficionado a la alquimia y la astrología.

Por otro lado, no puede descartarse que al momento de dar título a la canción Freddie Mercury tuviera en mente también las Rapsodias húngaras de Franz Lizst, una serie de composiciones de las cuales la Rapsodia húngara No. 2 es particularmente conocida. Ambas retoman temas populares en su estructura musical y, formalmente, las dos también comienzan de manera tranquila, calma, para después pasar a un ritmo más bien desaforado y frenético.

La estructura y el contenido

Bohemian Rhapsody está compuesta a manera de cuadros o escenas. Como dijimos anteriormente, se trata de una canción narrativa, es decir, que nos cuenta algo, sin embargo, en su caso, hay una diferenciación clara de “episodios” de esa historia, los cuales se distinguen tanto a nivel textual como musical.

En el primer episodio una voz (el “yo poético” o “yo lírico” del que se habla en el análisis literario) se presenta y comienza a contar su historia. Al menos eso suponemos, porque se trata de un inicio in media res, es decir, de súbito y de lleno en las circunstancias del protagonista, de quien nada sabemos pero sin que esto importe, ya lo estamos escuchando.

“¿Esta es la vida real? ¿Sólo es una fantasía? Soy sólo un pobre muchacho, sin necesidad de simpatía”, son algunas de las cosas que dice esa voz.

Tanto por el inicio abrupto como por el tipo de preguntas y afirmaciones que hace quien canta, los primeros versos de Bohemian Rhapsody recuerdan parcialmente a El guardián entre el centeno de J. D. Salinger (1951) y El extranjero de Albert Camus, dos novelas narradas en primera persona cuyos protagonistas tienen una fuerte individualidad. La novela de Camus, en especial, ha sido asociada con la canción de Queen porque ambas comparten un mismo problema existencial: quien narra la historia confiesa haber asesinado a un hombre.

Con todo, en Bohemian Rhapsody existe una preocupación moral auténtica. El muchacho que canta sabe que su acto tendrá consecuencias pero además de que no sabe cuáles serán, tampoco quiere enfrentarlas; sabe que tendrá que “dejar a todos y enfrentar la verdad”, pero también dice no querer morir.

En ese punto la canción pasa a otro cuadro. Tras un solo de guitarra con ciertos aires melancólicos (posiblemente símbolo del llanto o el duelo ante la muerte simbólica de quien canta), la música deja la balada que hasta ese momento había sostenido y cambia radicalmente a un ritmo frenético.

“Veo la pequeña silueta de un hombre”, dice el muchacho que cuenta su historia, y aunque breve, esta única descripción es elocuente, casi un calco de una de las escenas más famosas de Nosferatu.

Esa estrofa de la canción en especial es una especie de “introducción” a un mundo poblado de demonios, el cual tradicionalmente se ha creído qué está gobernado por la confusión y el sinsentido.

Las palabras Scaramouch, fandango, Gallileo, Figaro y magnífico, aunque tienen un significado, en el contexto este fragmento están más bien sólo por su valor fonético, con el cual se logra una aliteración que busca transmitir la atmósfera caótica de los antros infernales.

Sin que esté necesariamente relacionado, este recurso fue utilizado nada más y nada menos que por Dante Aligheri, acaso el primer poeta a quien debemos una visita imaginaria al infierno cristiano. “Pape Satàn, pape Satàn aleppe”, escribió Dante al inicio del Canto VII del Inferno, tres palabras que han desvelado a lingüistas, historiadores y profesores durante siglos, pues nadie sabe bien a bien de dónde sacó Dante dicha expresión, qué quiso decir con ella, si evoca un idioma en particular o si es pura palabrería sin significado saliendo de la boca del demonio que la pronuncia (como podría esperarse de una entidad carente de entendimiento y buen juicio).

El protagonista de Bohemian Rhapsody, entonces, ha ido a parar al infierno o un lugar muy parecido, suponemos que por causa de la muerte que perpetró. En la siguiente escena, aunque éste lleva todavía la voz cantante, de pronto la comparte con un coro que intenta arrebatársela: literalmente. La voz del protagonista y la del coro, musicalmente, se alternan pero no dulcemente, sino en un intercambio en donde una está a punto de encimarse a la otra. Y no por casualidad, pues lo que cantan es nada menos que el destino del alma del protagonista.

“Me dejarán ir”, dice el protagonista, pero el coro responde de inmediato: “¡No! ¡No te dejaremos ir”, frente a lo cual se alza otro concierto de voces que defiende al muchacho para decir: “Déjenlo ir”. Entre uno y otro momento se escucha la expresión “Bismillah”, que quiere decir “en nombre de Dios” en árabe (¿otra alusión a El extranjero de Camus?).

Esta escena termina ambiguamente diciendo que Belcebú ha puesto un demonio junto al protagonista, no se sabe si como una especie de condena de compañía o como un vigilante que le impida salir del infierno. La alusión a Belcebú, uno de los nombres del Mal en el imaginario judeocristiano (la palabra hebrea ha sido traducida como “el señor de las moscas”), confirma que el muchacho está siendo juzgado por el demonio.

La siguiente estrofa ha sido una de las más discutidas de la canción. Hay quien cree que el fondo de todo Bohemian Rhapsody es el conflicto interior que Freddie Mercury experimentó al aceptar para sí y dar a conocer a otros su homosexualidad. Quienes sostienen esta hipótesis se apoyan sobre todo en el hecho de que el mismo año de composición de la canción, 1975, Freddie Mercury rompió la relación que tenía desde hacía 7 años con Mary Austin y, a cambio, inició su primera relación con un hombre, sin duda un evento biográfico que no puede pasarse por alto.

Más allá de las referencias explícitas que algunos pretenden encontrar en la letra y los motivos de la canción y este momento de la vida de Freddie Mercury, sobre esto quizá sólo pueda decirse que un movimiento interior tan significativo no puede en su caso disociarse de su vida creativa. No parece casual, en ese sentido, que esta parte de la canción suena a la vez como un reclamo y como una liberación, musical y textualmente.

La escena final de Bohemian Rhapsody es una “coda”, palabra italiana de amplio uso en música y poesía para nombrar la parte final de una pieza (“coda” proviene del latín “cauda”, que quiere decir “cola”). La voz cantante regresa a la calma con que todo inició pero de otra manera: si al principio parecía confundida, preocupada, ahora su mensaje es más certero, pero también más fatalista:

En realidad nada importa.
Cualquiera lo puede ver.
Nada importa para mí.

De todos modos el viento sigue soplando.

En combinación con los versos anteriores, la línea final de Bohemian Rhapsody tiene un cariz entre trágico y estoico, decididamente humano, como si el muchacho finalmente hubiera entendido que no importa qué preocupaciones le afligen, qué sufrimientos atraviese o qué penas hagan que su corazón se parta, el mundo y la vida de todos modos continuarán su propia marcha. La alusión al viento, por cierto, recuerda otro verso célebre, el de Paul Valéry de El cementerio marino (que hace unos años sirvió de título a la última película dirigida por Hayao Miyazaki):

Le vent se lève… ! Il faut tenter de vivre ! (¡El viento se levanta! ¡Es necesario intentar vivir!)

Como vemos, no se trata en modo alguno de una canción sencilla, lo cual sin duda hace todavía más asombroso su éxito.

Ahora, disfrutemos de esta gran obra maestra:

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