“Pues nada, hijo, aquí tienes las agujas de hacer punto”

Así fueron los inicios de Roger Taylor, el baterista de Queen.

Àngel Asensi & Miquel Asensi.- Los principios, casi siempre, suelen ser duros. Pero, también, muy precarios. Y el mundo de la música no es una excepción. Cuando Roger Taylor tenía 8 años, ya sentía mucha curiosidad por los instrumentos musicales. De hecho, su primer instrumento, según Jacky Gunn y Jim Jenkins en su libro “Queen”, fue un ukelele. Y debió pensar que ese instrumento “molaba”, pero el siguiente paso fue la guitarra. Así que aprendió por él mismo los primeros acordes. La verdad es que tocar la guitarra te hace sentir como el rey del mundo simplemente poniendo los dedos en los trastes adecuados y teniendo cierta agilidad de muñeca y habilidad en los dedos.

Pero a los 11 años, el baterista rubio decidió que la percusión era su siguiente meta musical. Pero su familia no tenía claro si era simplemente un capricho de adolescencia o por el contrario, había un interés profesional detrás de esa decisión. ¿Qué pensaron? Pues “montarle” una batería casera: es decir, las baquetas fueron las agujas de hacer punto de su madre, de nombre Winfred. Por otra parte, las cacerolas ejercían de tambores o timbales mientras que las tapaderas eran los platillos. Reflexionemos sobre lo que acabamos de leer, ¡qué rudimentario!

Pocos meses después, cuando la familia fue consciente que su hijo era constante y que no abandonaba la idea de ser baterista, llegó el momento de comprarle un tambor, un charles y un bombo. Al año siguiente, Roger ya tenía una batería de sonido pobre y muy básica, pero una batería, al fin y al cabo que ya incorporaba un platillo barato. Hoy en día, 55 años más tarde, Roger Taylor está considerado como uno de los 100 bateristas más influyentes de la historia del rock. Y todo empezó con lo que tenía “por casa”.

Por cierto, permítenos una recomendación: si tu hijo o hija está en tu casa y ves que coge unos lápices o lo que encuentre por casa para imitar que toca la batería, no dudes en ponerle cacerolas, cubos o cualquier caja porque así empezó una leyenda del rock.

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