El amor imposible de Freddie Mercury

En 1977 Freddie Mercury y su grupo Queen graban ‘We are the champions’, el tema que supuso un hito en la historia de la música y un punto de no retorno en la vida del cantante. También en el aspecto personal, porque ese año acabó su relación con el gran amor de su vida, una mujer: Mary Austin.

Carlos Manuel Sánchez.- Estuvieron juntos siete años, hasta que él le confesó que era homosexual. Ahora salen a la luz fotos inéditas de su vida juntos que muestran la cara menos conocida de un arista mítico.

“Mis amantes me preguntan por qué no puedo sustituir a Mary, pero eso es imposible. Es la única amiga que tengo. Mary es mi esposa por derecho propio. Lo nuestro fue un matrimonio. Confiamos el uno en el otro… y eso me basta”.

Se conocieron en una tienda de ropa cuando él tenía 24 años y ella, 19. Su relación fue sencilla…

Freddie Mercury siempre tuvo claro que el amor de su vida fue Mary Austin. Vivieron juntos siete años. Rompieron cuando el cantante le confesó su orientación sexual. «Él me dijo: “Creo que soy bisexual”; yo le dije: “Creo que eres gay”. Y no dijimos nada más. Solo nos abrazamos», recuerda Austin. Pero la relación salió fortalecida. Fueron amigos hasta la muerte de Mercury, a los 45 años. Se quisieron de otro modo, más profundo. «Nos han pasado muchas cosas, buenas y malas… A mucha gente le cuesta entender lo nuestro. Las personas que entran en nuestras vidas tienen que aceptarlo. Nos queremos y cuidamos el uno del otro», declaró Mercury.

Siempre fue una persona vulnerable y desconfiada que poco tenía que ver con el descaro que proyectaba en el escenario. «Cuando actúo, soy extrovertido, pero por dentro soy muy diferente». Las imágenes destilan ternura, complicidad, normalidad…

Su historia de amor, hasta ese momento, era sencilla. Luego se complicó. Se conocieron en 1970; él tenía 24 años, ella, 19. Mary Austin provenía de una familia humilde de Londres. Sus padres eran sordomudos. Dejó la escuela a los 15. Trabajaba de relaciones públicas en una tienda de ropa. Allí se conocieron. Freddie aún no era famoso, pero estaba empeñado en serlo.

Su verdadero nombre era Farrokh Bulsara. Nació en Zanzíbar (actual Tanzania) en 1946. Sus padres eran de origen persa, seguidores del zoroastrismo, una religión minoritaria. Creció en la India. Empezó a tomar clases de piano a los siete años. A los 17 emigró con su familia a Inglaterra. «La mayoría de nuestros parientes eran abogados y contables, pero Freddie insistía en que no era lo bastante inteligente y que solo quería ser cantante.”Pensábamos que sería una etapa pasajera y que, cuando madurase, estudiaría una carrera”, recordaba su madre.

Durante años, solo Mary supo que era seropositivo. Estuvo a su lado hasta el final

Mercury probó con varias bandas hasta alcanzar el éxito con Queen. En plena vorágine, Austin empezó a sospechar. «Siempre volvía tarde a casa. Pero evitaba discutir conmigo. Le dije que me sentía como si fuese una soga alrededor de su cuello. Y entonces se sinceró». El artista le confesó su bisexualidad. Pero luego reconocería que el vínculo que los unía era intocable. «No puedo enamorarme de un hombre de la misma manera que me enamoré de Mary».

Cada uno intentó rehacer su vida con otras parejas, pero siempre estuvieron cerca el uno del otro. Mercury la contrató de secretaria y le compró un apartamento a dos minutos de su mansión. Fue el padrino de su primer hijo. «Intento asegurarme de que ella sea feliz con quien esté y ella, igual. No sentimos celos. Puede que yo tenga todos los problemas del mundo, pero tengo a Mary, y eso ya me vale. Sigo viéndola cada día. La querré hasta mi último suspiro. Seguramente envejeceremos juntos».

No fue así porque Mercury contrajo el sida. Durante años solo ella supo que era seropositivo. Y estuvo a su lado hasta el final. «Lo veía tan frágil, tumbado en la cama, yo lo peinaba cada día», cuenta. Cuando comenzó a perder la vista y ya no podía ni levantarse, Mercury decidió que era el momento de morir. «De repente dijo: “Me tengo que ir”. Dejó de tomar los medicamentos. Murió tranquilo y con una sonrisa». Era 1991. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas -dicen- esparcidas en un lago suizo, aunque es un secreto que solo Austin conoce.

La disputa por la herencia duró ocho años. «Si me muero antes, voy a dejárselo todo a ella. Nadie más va a sacar un penique, excepto mis gatos», había dicho el cantante. Mercury le dejó en su testamento la mitad de su fortuna, así como su residencia de Garden Lodge, donde Austin sigue viviendo. El resto se repartió entre los padres y la hermana. El entorno solo recibió algunos pellizcos: su último amante, su cocinero, su asistente, su chófer… «Sé que a algunos amigos gais de Freddie les sorprendió que me dejara tanto. Están resentidos conmigo», confesó Austin.

Pero el legado que perdura es el amor, esa clase de amor al que no se puede renunciar porque hacerlo significa perder tu identidad. Freddie Mercury se entregó a una vida sin medida. Mary Austin lo conectaba con todo lo que era antes de tener éxito. Lo sacaba de esa locura para que pudiera tomar aire y sumergirse de nuevo en la intensidad que siempre andaba buscando. Mercury lo definió así: «He creado un monstruo. El monstruo soy yo. He trabajado para esto desde niño. Habría matado por esto… Fama, dinero, sexo, drogas…  Pero ahora quiero escapar. Me preocupa porque son cosas que no puedo controlar. Y me controlan».

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