La fiesta más excesiva de todos los tiempos

Cuando Queen publicaron “Jazz”, quisieron hacer una fiesta de presentación que nadie olvidara. Una noche de excesos en New Orleans que se convertiría en leyenda.

Si de fiestas perversas y excesivas hablamos, ésta se lleva la palma. El 10 de noviembre de 1978 Queen publicaban su séptimo álbum de estudio y debido a que su popularidad en los Estados Unidos no era tanta como en Europa, especialmente Reino Unido, la compañía decidió celebrar una macro-fiesta de lanzamiento diez días antes, concretamente el 31 de octubre; aprovechando que la banda actuaba en el Civic Auditorium de la ciudad, era Halloween, y lo sugerente del título del álbum, el lugar apropiado no era otro que NOLA.

Queen pertenecía a Elektra Records en EE.UU. y a EMI en el resto del mundo. En ese momento, los contratos estaban en fase de renegociación, por lo que la fiesta cumpliría una doble misión: promocionar el nuevo disco y reunir a un buen número de ejecutivos con los que realizar negocios. El capitoste de EMI en esos momentos, Leslie Hill, dio órdenes de que estuvieran presentes los responsables de la compañía en cada país donde tuvieran sucursal… en total fueron 52, a los que hay que sumar otros ejecutivos, 80 periodistas llegados de todas las partes del mundo, y los invitados, claro. En total, cerca de 500 asistentes.

De organizar el evento se encargó Bob Gibson, publicista de la banda y co-propietario de la empresa Gibson & Stromberg, que era conocida en el mundillo con el mote Guzzle & Snort, Engullir & Esnifar, en nuestro idioma. Tal apodo venía dado por las costumbres de sus dos responsables, el propio Gibson, conocidos como Guzzle por su afición a trasegar alcohol, y Gary Stromberg, Snort, por su afición a… los polvos blancos. Ambos se reunieron en primera instancia con Jim Beach, manager de Queen, para organizar el sarao. Ambas partes acordaron que no importaba el coste, la idea era que fuera un éxito rotundo y punto. Estaba decidió que tenía que ser en NOLA y después de una ardua búsqueda decidieron que el único recinto posible para semejante celebración era el Fairmont Hotel, que contaba con un salón gigantesco. La idea de los organizadores era crear un ambiente en el que todo fuera posible, sin restricciones, decorándolo acorde a la fecha en la que se celebraba. La primera medida fue vaciar el salón de todo mobiliario habitual, ya provechando que sus techos eran altísimos, se instalaron en primera instancia 50 árboles muertos de atrezzo, para semejar un bosque tenebroso. Vegetación tipo film de terror, máquinas de humo, serpientes… también formaron parte del decorado.

La banda sólo pidió que se invitara a bastante gente normal, divertida, chicas, amigos suyos… recordemos que New Orleans es una ciudad en la que la promiscuidad está bastante enraizada, y eso le encantaba a Freddie Mercury. Se realizó un casting para contratar entertainers, masculinos y femeninos, y cuanto más estrafalarios, mejor. Alrededor de 70 estarían en la fiesta, de hecho, varios locales de Bourbon Street tuvieron que cerrar sus puertas esa noche porque sus espectáculos habían sido contratados por Queen… Hubo después un tipo que arrancaba cabezas de pollo a mordiscos hasta una mujer que ofrecía a los invitados decapitarse a sí misma por el precio de 100.000 dólares. Fauna variopinta, como se ve.

A los invitados alojados en el hotel se les recibía a su llegada con una botella de champán, perfectamente presentada, y diverso material para disfrazarse, máscaras de plumas, lencería… En el salón, las mesas estaban hasta los topes de comida: pirámides de carne, marisco, ostras, langostas… todo servido por camareros desnudos provistos siempre del mejor caviar, todo rollo banquete medieval. Si era vegetariano, estabas en el lugar equivocado. Un podo antes de la medianoche, entró desfilando en el salón la Olympia Brass Band, una marching band local, seguida por los cuatro componentes de Queen, ¡la fiesta había comenzado!

Era imposible dar abasto con todo. No sabías ni para donde mirar ni qué comer… costaba decidirse ante semejante ostentación de lujo y decadencia. Strippers, bailarinas exóticas de todo el mundo, malabaristas, contorsionistas, drag Queens, modelos (eufemismo para “personas de compañía”) femeninos y masculinos… algo para todos los gustos, incluyendo señoras gordas de color luciendo diminutos tangas, transexuales, enanos hermafroditas, una mujer obesa que fumaba cigarrillos con su entrepierna, modelos (ahora sí, de los de verdad) de ambos sexos luchando desnudos en enormes bañeras llenas de hígado crudo… aquello parecía una película de Fellini. Conforme fue avanzando la noche, al ir entrando en calor la ropa iba sobrando y cada vez se podía contemplar más carne al aire libre. A Freddie se le veía radiante, se sentía feliz y en su salsa. Era una persona gustosa de llevarlo todo al límite, y esta era SU fiesta; entre otras cosas, se hartó de firmar traseros y pectorales femeninos. Todo el mundo estaba alucinado. Queen querían hacer honor a la dudosa reputación del French Quarter de la ciudad, y a la fe que lo consiguieron.

No se escatimaba detalle. A los más desubicados, caso de ejecutivos japoneses o sudamericanos, hasta se les entregaban billetes de pequeña cuantía para que pudieran ponerlos en los tangas de las strippers y bailarinas, american style. Alguno de los enanos contratados para la ocasión, desempañaban una práctica tarea: en su casa portaban bandejas con rayas de coca traídas especialmente para la ocasión desde Bolivia, perfectamente curradas, gruesas como brazos, para que el invitado que lo deseara sólo tuviera que agacharse; ellos mismos te daban el rulo. Legalidad y moralidad no entraban en los parámetros de la fiesta. Se comenta que los mayores consumidores de polvillos esa noche fue la propia crew de la banda. Curiosamente, Roger Taylor siempre ha negado este supuesto. Brian May siempre ha pensado que la fiesta fue algo “artificial”. Algo que si se ha desmentido por parte de alguno de los participantes es el hecho de que se hubiera invitado a prostitutas. No importa, si alguien quería una felación o practicar cualquier tipo de sexo, podía hacerlo –de hecho, fue debajo de una mesa, en los baños o, los menos pudorosos y/o más colocados, a la vista de todo el mundo. Parece ser que como una tercera parte de los asistentes gozaron de los placeres de la carne… humana.

Al amanecer, la banda se retiró a su bus de gira, acompañados de un buen número de chicas, y algún transexual camuflado entre ellas. Antes de eso, Mercury se fue a dar una vuelta por Bourbon Street acompañado de un par de amigos, una de ellas, Sylvie Simmons, periodista Sounds, quien afirma que Freddie no cabía en sí de gozo por lo bien que había salido todo. Como bien dijo el finado frontman, “la mayoría de los hoteles ofrecen servicio de habitaciones, éste ofrece servicio de labios”.

El balance final de la fiesta fue positivo, al menos para los participantes. A EMI le costó la broma, finalmente, 200.000$ de la época. “Jazz” sobrevivió a las malas críticas, llegando a disco de platino en los States y oro en UK. Poco si lo comparamos con el cuádruple platino que obtuvo su predecesor, “News Of The World”. En total, ha vendido desde entonces, 5 millones de copias en todo el mundo. Ni tan mal… Eso sí, nunca jamás se ha visto semejante fiesta de tal calibre, al menos en el mundo del espectáculo. Quién sabe, quizá en alguna sociedad secreta, tipo aquella en la que acababan confundido Tom Cruise en esa obra maestra de Kubrick llamada “Eyes Wide Shut”.

| Texto: Fernando Tanxencias para POPULAR 1.

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